María Salgado: Sueño occidental de Orfeo (Video tape casera)

Poesía rebobinable y analógica. Poesía de flashback y flashforward. Poesía que echa andar cuando le das al play de la lectura. Stop. Vuelta al comienzo. Poesía de la que más nos gusta, de la batalladora, de la que no teme quedarse enganchada en los cabezales del lenguaje, de la que saca el máximo partido al reproductor VHS de la imaginación: rebobinable, magnética, analógica, low cost. Rewind: low cost, analógica, magnética. Stop. Magnética. Stop. Flashforward.

Fotos by B. Barral.

Letrismo. Isidore Isou


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Aquí lo tienen: el “último grito” en expresión poética. El letrismo para niños, el letrismo explicado a Orson Welles por el mismísimo Isidore Isou y otros apuestos y jóvenes letristas. La reducción de la poesía a sus elementos últimos: la letra, el gruñido, el carraspeo, los sonidos nasales… Descomponer el lenguaje: desmontar el mundo. Las letras asignificantes como ladrillos sin muro, piezas sueltas para reconstruir la sociedad mediante un orden nuevo, para erigir un nuevo sistema sin centro bajo el signo de la creatividad y la locura generalizada y colectiva.

El águila ediciones recoge esta herencia subversiva y llama a la revolución espiritual letrista.

Ignacio Miranda: [no escritura]

no _ escribir

en todo proceso creativo, a las ideas que escogemos les acompañan aquellas otras ideas con las que decidimos no quedarnos.

para el arquitecto, el artista plástico, la escultora, lo que decide desechar es tan importante para su proceso creativo como lo que decide escoger.

en el ámbito poético, por ejemplo, aparecen palabras, ideas, formas que nos satisfacen y que decidimos desarrollar junto a otras que desestimamos. el hecho de elegir ya establece la diferencia, pero ambas tienen la misma importancia y ambas forman parte del poema final.

cómo sería el poema formado a partir de esas posibilidades que hemos no escogido. cómo sería el no poema, o un poema con esa no escritura.

La belleza de esta obra, y algunas otras sorpresas que les tenemos preparadas, han reanimado el agonizante corazón editor de El águila. Aquí pueden obtener las instrucciones para leer la [no escritura]

El águila ediciones: Picnic Sessions 2011

Una superproducción teatramática de El águila ediciones bajo la dirección de:

Patricia Esteban

con las figuras animadas de:

Beatriz Barral (La lectora)

Ignacio Vleming (El lector)

Sandra Santana (La narradora)

Isabel Rodríguez (La nube)

y el ojo visionario de:

David Pérez (homo escenográficus)

Ismael García Abad (homo designer)

Los que busquen más información, tengan la bondad de atravesar este link.

La máquina del mundo

El águila ediciones vuelve a sus polvorientas dependencias de la Sección documental para relatarles a sus lectores una bella historia en la que resuenan ecos lejanos de los objets trouvé de Duchamp, del arte povera, de los móviles cinéticos de Jean Tinguely… Una historia acerca de cómo los más sublimes objetos culturales pueden nacer a veces por azar, como hierbita inútil junto al margen de un solitario camino. Tomen asiento, y lean:

Érase que se era, en un recóndito lugar de la región austriaca de Styria, un granjero llamado Franz Gsellmann que, una soleada mañana de 1985, leyendo el periódico en la cocina de su casa encuentra una foto del Atomium, la gigantesca escultura creada por el arquitecto André Waterkeyn para la Exposición Universal de Bruselas. A partir de entonces, el deseo que secretamente le ha acompañado desde su juventud cobra nueva fuerza: Gsellmann se siente destinado a crear una gran obra, una máquina perfecta que estará inspirada en el modelo atómico que acaba de descubrir. Conmocionado por la visión de la escultura, este hombre sin una especialización académica ni estudios previos, viaja a Bruselas donde se hace con una reproducción en miniatura del Atomium y, al regresar a su hogar, comienza inmediatamente el trabajo de búsqueda de los diversos componentes de la máquina de sus sueños. Frente a la sorprendida mirada de sus hijos y su esposa, Gsellmann se encierra durante horas y recorre incansablemente los alrededores de la región en busca de las piezas que completarán su magnífica obra. Un trabajo incesante de búsqueda, recolección y montaje de los más diversos elementos (lámparas, imágenes religiosas, ruedas y tubos de metal) que le lleva a dar forma a un complejo aparato sin más fin que el funcionamiento cinético de sus piezas.

Gsellmann, celoso de su secreto, no permitió al comienzo que nadie accediera a la estancia donde guardaba la máquina; y nadie, ni siquiera su familia, conocía el aspecto o la utilidad del aparato en el que trabajaba. Este secreto le traerá problemas con su mujer, a quien tiene que convencer de que sus ausencias no se deben a una infidelidad, sino a la exigente necesidad de buscar cada vez nuevos elementos para su trabajo; y posteriormente con su hijo menor que, habiendo construido una nueva dependencia para él y su nueva esposa, tiene que cedérsela a su padre porque la máquina ha tomado unas dimensiones excesivas para su antigua ubicación. La máquina crece y, poco a poco, Gsellmann comienza a permitir la entrada a la habitación dónde trabaja y a poner en marcha el fabuloso invento ante los atónitos visitantes: bombillas, iconos religiosos y piezas de metal de la más diversa procedencia conforman un complicado mecanismo cuya única función aparente es su propio funcionamiento.

Pronto la curiosidad en torno a la creación del granjero comienza a crecer y los periódicos locales se hacen eco de la existencia de esta nueva creación. En los años 70 la fama de Gsellmann aumenta, las entrevistas para radio y televisión se suceden e incluso llegan cuantiosas ofertas para convencerle de que ceda la “máquina mundial” a algún museo. Su inventor, sin embargo, se niega a separase de su creación y permanece entregado hasta su muerte a la ampliación y mantenimiento de la misma. Es 1981, muere Gsellmann a la edad de setenta y un años dejando únicamente insatisfecho su deseo de encontrar una utilidad a una máquina que había llegado a alcanzar unas proporciones de más de cuatro metros de altura.

Esta es la historia de la creación de la máquina del mundo.

TODAVÍA no LO TENGO

Silvana Franzetti en Arrebato Libros

El próximo viernes a las ocho de la tarde la poeta argentina Silvana Franzetti leerá a dos voces, junto con Sandra Santana, su libro Edición bilingüe, en el que realizó un procedimiento de traducción ficcional entre la lengua castellana y su variación rioplatense. Después de la lectura a dos voces, se proyectará el poema-fotomontaje El sabor del té de mate. Todos nuestros lectores están cordialmente invitados al acto.

Por aquí, más fotos del recital.

“Arpocrate seduto sul loto” de Walter Marchetti. Por Henar Rivière

Arpocrate seduto sul loto anuncia que oculta algo al enunciar su imagen. No vela su primer haber sido en la forma infantil del dios egipcio Horus, pequeño príncipe desnudo en actitud de chuparse un dedo; tampoco oculta su metamorfosis segunda en el Harpokrates griego, con el índice sobre los labios invitando al mutismo, ni acalla al Silencio, a quien personifica y diviniza en los sellos o “jeroglíficos” gnósticos y herméticos de los primeros siglos de la era cristiana.
1_Harpócrates

Harpócrates sobre el loto

Arpocrate seduto sul loto son cuatro palabras que, leídas en italiano y en voz alta, hacen resonar aquel palimpsesto de reminiscencias recónditas y sitúan al lector en el umbral de lo oculto tras la portada, entre sus páginas blancas.


2_Arpocrate

Arpocrate seduto sul loto, 1968, de Walter Marchetti.

El Arpocrate seduto sul loto es un libro de artista publicado en 1968 en Madrid, que se hace presente por su propia objetualidad. Tiene formato apaisado (21,1 cm. alto x 30,1 cm. ancho) y voluminoso grosor (5,1 cm.), y su rotunda pesantez (2100 gr.) contrasta con la ligereza visual del predomino del blanco.


3_LosTítulos

Los títulos de Arpocrate.

Cuaderno de bitácora y guía de navegación a un mismo tiempo, Arpocrate fue compañero de viaje y brújula del artista sonoro y visual Walter Marchetti (n. 1931) por los remotos mares del sur desde los que inventó la zozobra de Zaj junto a Juan Hidalgo. Entre sus páginas discurren partituras de interpretaciones y acciones a realizar o ya realizadas, así como indicaciones de los fundamentos y las condiciones, los modos y las clases de la composición. Con estos materiales, Marchetti, especialista en Eventología, estructuraba el libro a modo de Tratado ofreciendo, como se indica en su segundo título, un ejemplo más de la excelsa capacidad humana para poner orden en la multiplicidad de lo real con minuciosa arbitrariedad: principios básicos de la composición, de su técnica, de los días de la semana favorables para componer, del almacenamiento y tratamiento de las ideas y de los 48 tipos fundamentales de composición.


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Fragmento de la partitura de La Caccia (interpretada por primera vez al aire libre en 1965), de Arpocrate.

5_PrincipioCompositivo

Principio compositivo de Arpocrate.

6_PrincipioCompositivo

Principio compositivo de Arpocrate.

Prontuario paródico, el Arpocrate renuncia a los recursos de índices y numeración necesarios para funcionar como el libro de consulta que dice ser y, análogamente, disuelve la lógica caprichosa de su estructura tratadística, alternando y aleando sus componentes con otros ajenos a ella.


7_MusicaMental

Una “música mental” de Arpocrate.

8_MusicaVisible

Una “música mental” de Arpocrate.

Entre esos otros componentes destacan una serie de poemas visuales que, bien evocan y varían imaginarias percepciones acústicas (las “músicas mentales” y “visibles”), bien perfilan esforzados círculos de tamaño cambiante que parecieran intentar en vano contener la superficie o fondo neutro del papel (“el libro de la forma”).


9_ElLibroDeLaForma

Ejemplo de “el libro de la forma” de Arpocrate.

El espacio en blanco de las hojas se escabulle así del más perfecto redil formal posible, del mismo modo en que el Arpocrate en su conjunto logra burlar a su tercer título, el gran libro de la forma, gracias al asistemático esmero compositivo con que Marchetti mezclara, sin rumbo ni intención, sus heterogéneos materiales de trabajo.


Arpocrate seduto sul loto persevera en su ser múltiple y lúdico. Tras la asepsia de su papel y sus tipos de imprenta, palpita y cruje un conitnuum variado y policromo de resonancias conceptuales y sinestésicas, que se entretejen y deshilvanan sin cesar en el proceso de su lectura. Arpocrate capta, mantiene, entretiene, confunde, bifurca, diversifica, dispersa la atención de quien pasa sus páginas, una detrás de la otra. Una detrás de la otra desordena sus dudas, y dilata sus tiempos y sus lugares, unos en otros. Porque este libro de acción es también una cartografía del extravío, cuya vivencia suspende al lector en un activo silencio interior y trata de liberarle de las coordenadas espacio-temporales impuestas y ajenas a la experiencia. Lo que Apocrate oculta es que nada se oculta tras ella.


10_EsperabaUsted

De Arpocrate.



11_Mururoa

Detalle de “De Mururoa a Fangataufa”, de la serie Le secche del tempo, 1999, de Walter Marchetti.)


(Fotos de Arpocrate por Leticia Ortiz de Urbina)

“Ingeniería vírica”. Por Eduardo Rezzano

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Relieve (Enrique Arau)

    En un ensayo sobre Joseph Brodsky, Coetzee dice que los poetas de primera fila han creado siempre su propio linaje literario, y que en ese proceso han reescrito la historia de la poesía. Entonces se me ocurre pensar qué pasaría si alguien creara un linaje por demás heterogéneo que incluyera a Anton Webern, Buster Keaton, Thelonius Monk, Felisberto Hernández, John Cassavetes, Francis Bacon, György Ligeti, Enrique Arau y Federico León, en ese orden o en cualquier otro. ¿Se estaría proponiendo una poesía imposible de ser escrita o, por el contrario, la única poesía posible en un mundo que se reconstruye cada mañana frente a un espejo deformante?

    De lo que se trataría, así se insistiera en condensar los procesos biológicos del poema en su breve gesto caligráfico, sería de dar vida a un monstruo, a un virus de esquiva naturaleza mutante.


    Y a los monstruos, una vez que se han echado a andar, hay que darles de comer
    cerebros.

Escrituras no escritas: hacia una poética de lo ilegible

Por aquí, más información y opciones para ver el vídeo: "Medialab-Prado Madrid"

“El capitán etéreo”. Por Beatriz Barral

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R. BUCKMINSTER FÜLLER, Bucky para los amigos, nació 25 años antes de que sus ideas comenzaran a tenerse en cuenta y con medio siglo de antelación técnica para que pudiesen ponerse en práctica. Ya que la elección de la fecha de su nacimiento (1895) no dependió enteramente de él, optó por asumir la circunstancia con optimismo y pensar en verde. Por suerte, poseía la personalidad del inconformista que no se ciñe sólo a desfacer entuertos sino que retrocede en el tiempo para analizar el motivo por el que el mundo está tarado y diseñar entonces un futuro mejor.

Füller es el visionario que supo unir el trabajo entusiasta y la sabia paciencia del maestro zen con el objetivo de que la Nave Espacial Planeta Tierra fuese un lugar mejor para todos sus habitantes. Un lugar respetuoso con el medio ambiente, límpio, bello, práctico, creativo, continuo, esférico, reciclable… y, sobre todo, posible.

Por cierto, si estás pensando en comprar el chalecito adosado que rompe el perfil de la sierra y se amontona en hileras inacabadas en la falda de las montañas, párate, piensa, ¡no lo hagas!. Porque cuanto visites mi espacio feliz cambiaras de idea. Te invito a pasar un fin de semana en mi Domo de Ojo de Mosca. Está en ningún sitio y en todas partes. Me lo trajo un día el helicóptero de Santa y lo posó con suavidad y todo lo necesario para vivir sin interferencias.

Por último, y disculpa mi atrevimiento, cancela tus vacaciones en Marina D´ors y elige la opción T de ciudad flotante Tensegrity, te gustará.

Ki-Bong Rhee: Bachelor – The Dual Body


Un nuevo título para nuestro lento y oscilante catálogo aguileño: el Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein flotando en el interior de un tanque lleno de agua durante la Bienal Singapur (2003). Hagan, si quieren, sus apuestas interpretativas. Desafíen el absurdo y dictatorial parágrafo 7 de la citada obra filosófica.

Por cortesía de un espléndidamente descentrado Juan Orozco, que nos llevó hasta aquí.

La literatura ignorante

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“El poder de la igualdad es, al mismo tiempo, el de la dualidad y el de la comunidad. No existe inteligencia allí donde existe agregación, atadura de un espíritu a otro espíritu. Existe inteligencia allí donde cada uno actúa, cuenta lo que hace y da los medios para comprobar la realidad de su acción. La cosa común, colocada entre las dos inteligencias, es la prueba de esa igualdad, y eso con un título doble. Una cosa material es, en primer lugar, “el único puente de comunicación entre dos espíritus”. El puente es de paso, pero también distancia mantenida. La materialidad del libro pone a dos espíritus a una distancia que los mantienen como iguales, mientras que la explicación es aniquilación de uno por el otro. Pero también la cosa es una instancia siempre disponible para la comprobación material: el arte del examinador ignorante es el de “conducir lo examinado a los objetos materiales, a las frases, a las palabras escritas en un libro, a una cosa que él pueda comprobar con sus sentidos.” El examinado siempre está sujeto a una verificación en el libro abierto, en la materialidad de cada palabra, en la curva de cada signo. La cosa, el libro, rechaza a su vez la trampa de la incapacidad y la del saber. Esta es la razón por la que el maestro ignorante podrá, cuando tenga ocasión, extender su competencia hasta comprobar no la ciencia del señorito instruido sino la atención que presta a lo que dice y a lo que hace.”

 


Jaques Rancière, El maestro ignorante

Daniel Samoilovich: Madrid fotomatón

La cáscara

Lo que mantiene


El águila ediciones se pone melancólica al recordar un tiempo en el que en las paradas de autobús de Madrid se podía tener acceso a pequeñas joyas sonoras ideadas por músicos y artistas como Luc Ferrari, Cristhina Kubish o Vito Acconci, así como por poetas de la talla imaginativa de Eduardo Eielson o Daniel Samoilovich. Entre el 20 de Mayo y el 25 de Septiembre de 2005 tuvo lugar Itinerarios del Sonido, un proyecto de arte público organizado por el Centro Cultural Conde Duque y la Residencia de Estudiantes y comisariado por María Bella y Miguel Álvarez Fernández.

Los amantes de las escrituras temporales sobre ondas sónicas estamos de enhorabuena, mañana 11 de octubre a las 20.00 horas se proyectará en el centro Intermediae un documental dirigido por Marta Velasco, que recoge el proyecto y los testimonios de los artistas que participaron en él. Están todos invitados.

Editamos hoy algunos fragmentos de la pieza preparada en el marco de esta iniciativa por el poeta argentino Daniel Samoilovich.

Madrid Fotomatón arranca de una anécdota mínima: un inmigrante se toma en una máquina automática de fotos en el Metro varias fotos para su tarjeta de residencia, y en varias de ellas sale con los ojos cerrados. Esas fotos son inútiles, y sin embargo, el sujeto no se decide a tirarlas: esos ojos cerrados, a través de la reflexión, van adquiriendo un significado. La ceguera es en parte una defensa ante la angustia y el peligro pasados, que vistos de frente podrían ser paralizantes; en otro sentido, no ver bien y no ser visto es una experiencia cotidiana para el extranjero: él no tiene los códigos y las relaciones que le permitirían comprender cabalmente la nueva ciudad en la que vive, y los demás, sumidos en sus ocupaciones diarias, no tienen demasiado tiempo para él (…)”.

 

Y dentro de poco, Daniel Samoilovich se acercará de nuevo hasta Madrid para presentar su Libro de los seres alados

Marcel Broodthaers: Voyage on the North Sea


“Broodthaers realiza la imitación cinematográfica de un texto escrito. Un viaje al mar del Norte, siendo una película, tiene la forma estructural de un libro: con una página para el título general y títulos de página en cada toma o secuencia de tomas (hasta un total de quince, sin acción ni movimientos de cámara). En esta obra aparecen fragmentos de un cuadro filmado en pedazos (pertenecientes a su obra anterior, Análisis de una pintura) junto con fotografías de barcos de vela y paisajes marinos. En un primer momento podría parecer que se trata de una falsa película, una película estática o, más bien, un conjunto de diapositivas. Y así sería, si no fuese porque existe una línea de tiempo que recorre la obra, un proceso filmado: el de la lectura de un libro. Una lectura, sin embargo, maquinal, en la que el lector ni siquiera interviene con el pasar de las páginas, sino que presta su mirada a la obra, asiste al acto puro de la lectura.

Un viaje al mar del Norte se completaba además, en su versión de 1974, con una obra en forma de libro, esta vez sí, compuesto por páginas de papel encuadernadas y no por celuloide. Ambos elementos homónimos, libro y película, son y no son lo que parecen ser. Si en la película teníamos números de páginas entre secuencias que proponían una analogía formal entre el visionado de una película y el proceso de lectura, en las instrucciones del libro se insta al lector a no cortar los pliegues del mismo para separar las páginas: “Antes de que el lector abra estas páginas debería tener cuidado con el cuchillo que va a utilizar para este fin. Espero que renuncie a ello y preste atención a este arma, este puñal…”. Frente a estas indicaciones, la lectura se torna un acto violento que se caracteriza por negar una posible contemplación del libro mismo como imagen. Broodthaers subraya así la violación de la imagen impuesta como costumbre por el lector de modo inadvertido en cada aproximación a lo escrito.

En un juego de roles invertidos la película se muestra como libro y el libro como objeto de contemplación visual. Más que señalar aquí la irreductibilidad de ambos soportes, Broodthaers pone de manifiesto su equivalencia: el libro aparentemente estático –parece decirnos el autor mediante Un viaje al mar del Norte– es, gracias a la lectura, una obra en la que, como sucede en las películas, vienen a confluir el espacio y el tiempo”.

[Sandra Santana, "Cuando el sosporte se convierte en metáfora. Nueve páginas escritas a máquina sobre la historia ficticia del libro por venir". REC. Revista de Erudición y Crítica, nº 6, Editorial Castalia, Junio de 2008]