Un nuevo título para nuestro lento y oscilante catálogo aguileño: el Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein flotando en el interior de un tanque lleno de agua durante la Bienal Singapur (2003). Hagan, si quieren, sus apuestas interpretativas. Desafíen el absurdo y dictatorial parágrafo 7 de la citada obra filosófica.
Por cortesía de un espléndidamente descentrado Juan Orozco, que nos llevó hasta aquí.


