Farenheit 451: “Just me, and the typewriter and the future”

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En 1966 François Truffaut convirtió Fahrenheit 451 en un libro de imágenes parlantes. Su película es la respuesta irreverente a la incógnita anteriormente formulada en la novela de Ray Bradbury: ¿estamos verdaderamente preparados para el advenimiento del fin del libro? ¿debemos confiar en la llegada del libro por venir? Truffaut se burla del soporte papel y filma su ocaso; pero la novela era ya, antes de ser llevada a la pantalla, un ingenioso engaño de su creador. En sus páginas se cuenta la historia siempre repetida de cómo la mirada del lector hace arder el papel, provoca la desaparición del libro como objeto material, y convierte la letra impresa en materia viviente.

 

Cuando Faber, el viejo profesor retirado, trata de calmar la culpabilidad de Montag por haberse dedicado a la quema de libros durante años, afirma: “Los libros sólo eran un tipo de receptáculo donde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar. No hay nada mágico en ellos”. Sin embargo, cualquier lector atento percibe que el personaje creado por Bradbury está mintiendo, que mediante estas palabras está negando su propia existencia, negando la evidencia de que no hay modo de buscar el contenido de los libros más que a través de los libros mismos, mediante su destrucción material.

 

Sólo quien borra las huellas debe ser denunciado como el verdadero exterminador de la cultura escrita. El libro desmaterializado tras la lectura no puede volver a recorrerse pasando las páginas. La memoria lo erosiona y lo convierte en una superficie donde todos los puntos son equidistantes, donde se ha perdido el límite del texto y éste acaba confundiéndose con la identidad del lector.

 

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2 Respuestas a “Farenheit 451: “Just me, and the typewriter and the future”

  1. Desde siempre me ha fascinado la reflexión de Bradbury, su ironía también.
    ***
    ¿Y qué decir de los hombres libro? ¿Dónde quedaría la noción de lectura como reescritura? Creo que realmente se trata de un final trágico, porque más preocupante que la desaparición de los libros es la desaparición de los lectores, de las interpretaciones posibles.
    ***
    El hombre libro es la versión fatal del libro creación.

  2. Sí, hay algo disimuladamente perverso en los hombres libro… Se presentan como los salvadores de la cultura, pero convertirse en soporte de un libro es un acto terriblemente violento, una auténtica farsa. Ummm, gracias por tu reflexión.

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