“Arena y distorsión (pespuntes)” por Raúl Quinto

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1-

Goya es sin lugar a dudas uno de los pintores clave en el desarrollo de la plástica occidental. Su obra trascurre, como un pequeño universo, por los diferentes estilos y épocas que le tocó vivir o inventar; desde sus tapices de barroco helado a las primeras formas del romanticismo. Pintor extraño, anticipó más que convenció, e igual que los cañonazos de los ejércitos napoleónicos despertaron a Europa a una nueva época, con él se inicia de manera traumática lo que conocemos como arte moderno. No deja de sorprender que, efectivamente, ya esté en Goya todo lo que vendrá después, todo el arte moderno.
Lo vemos en sus pinturas negras, tal vez la serie más paradigmática de cuantas realizara, la más moderna, la más oculta también. De entre todas esas paredes pintadas me quedo con un rincón, otro pequeño universo donde está todo Goya, y donde seguramente estamos todos nosotros: Perro semihundido.
 En esta obra ya está Turner, la paleta de Paul Klee, el Colour Field Painting de los años 50. La pintura más radical de todo el siglo XIX se gestó en sus albores, a solas, en la oscuridad de la Quinta del Sordo. Un campo de color, absoluto, y en un ángulo, casi desapareciendo, la cabeza de un perro, la arena que es el símbolo de lo temporal, de la furia del desierto que a todos nos persigue, intenta ahogar al animal que apenas respira. Escojo unas palabras: angustia, desesperación. El absoluto busca acabar con la individualidad, las fuerzas de la naturaleza o de la mente desean arrasar la finitud de un cuerpo. En esa pintura está todo el hombre moderno.
 El perro y la arena, de noche, iluminados por la inestable luz de un candil acometerían una danza terrible. Pienso en Goya preso de su sordera observando el movimiento de la luz sobre esta pintura, por momentos parece que el perro se hunde más, que la arena desborda su marco. Es la danza del desespero. En la cabeza de Goya retumba el sonido de la arena cayendo, alimentándose.

2-

Sonic Youth aparece en Nueva York a principios de los años 80, dentro de lo que se vino en llamar NoWave, corriente que desde postulados netamente punk y experimentales buscaba oponerse a la llamada Nueva Ola. Era un movimiento absolutamente radical, sin concesiones al aspecto comercial de la industria. Sonic Youth explotaron sin complejos las posibilidades del ruido como módulo constructor de música; en ese sentido no sólo desarrollan la herencia punk o las semillas de terciopelo del grupo de Lou Reed, sino que se abastecen de los hallazgos de la música concreta y del arte conceptual, de John Cage a algunas obras dentro del Nuevo Realismo, pudiéndonos remontar a la época de las vanguardias clásicas y las óperas del ruido compuestas por el futurista Luigi Russolo.
 Sonic Youth recoge una cosecha extrema y le da forma, adaptándola, a medida que avanza su discografía, a patrones más reconocibles de la música rock. Al mismo tiempo anticipa el sonido que durante la década de los 90 definirá gran parte de la mal llamada música indie, desde los germinales Pixies hasta el movimiento más fructífero a nivel comercial: el grunge. Decir esto es decir que en los discos de Sonic Youth aparecen ya la gran mayoría de propuestas de los años 90 y 2000, si de música con vocación creativa hablamos. No podemos entender a Radiohead, Mogwai o PJ Harvey, ni dentro del estrecho marco español a Los Planetas o Migala, si antes Sonic Youth no hubiera actuado como quitanieves.
Evol es el título de su tercer disco, love escrito al revés, homofonías con la palabra maldad, y entre sus cortes una canción: Shadow of a doubt. Propongo escucharla sin atender al significado real de su letra, como solo sonido, como puro acontecimiento, sin otro referente que el que se genere en el momento exacto de su escucha.

3-

Existe una posibilidad remota, imposible, a la que me aferro con todas mis fuerzas: mientras Goya pinta su perro en la arena lo que escucha en su cabeza es Shadow of a doubt, de hecho lo que hace Goya con su pintura es glosar la canción de Sonic Youth.
 El tiempo no es un impedimento. Si el tiempo es curvo, si pueden existir los agujeros de gusano, por qué no va a atravesar una aguja, como quien cose una tela doblada, dos instantes creativos similares aunque separados por casi doscientos años. Las dos obras son lo mismo, una está hecha a base de color, la otra a base de sonido, las dos son formas de la desesperación. Goya y Sonic Youth son intercambiables, al menos durante un instante. Si radiografiamos la arena que ahoga al perro escuchamos el punteo monótono de Lee Ranaldo, si nos dejamos arrastrar por cadencia de la voz de Kim Gordon vemos la mirada abismal del perro.
Propongo un experimento: sentarse en el Museo del Prado frente a la pintura de Goya durante todo el horario que la pinacoteca permanezca abierta, mirarla fijamente, mientras en unos auriculares escuchamos como un bucle interminable la canción de Sonic Youth. El resultado no es previsible: puede que nos convirtamos en el perro, o tal vez en la arena.
El efecto inmediato es la desaparición de todo lo que no sea pintura y sonido. De esta manera es imposible percibir ciertos cambios, pero estos suceden. Sucede, por ejemplo, que las agujas de nuestro reloj comienzan a girar hacia atrás, a la velocidad del vértigo; y que el tiempo, por un instante, deja de existir, como si se hubieran descosido sus costuras. Al final de la experiencia, podemos intuir que la sombra que el sujeto proyecte sobre la pintura al levantarse será, literalmente, la sombra de una duda.

Raúl Quinto (junio de 2007)
 

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4 Respuestas a ““Arena y distorsión (pespuntes)” por Raúl Quinto

  1. ¡Qué evocador es este tríptico! Raúl Quinto, un descubrimiento absoluto.

  2. ¡Fascinante fusión de dos esencias de una misma realidad!, eso de entremezclar una paralelidad, antes inadvertida, entre la creatividad de Goya, en la pintura, y de Sonic Youth, en la música, unidas, como entre un “agujero negro” me parece algo inusitado. De hecho, las filosofías orientales en su conceptualización de “contrarios” funden términos antagónicos, sin que sus fuerzas se repelan, para demostrarnos que nada es absoluto. Esa “sacudida” de la noción de entreveramiento de lo real, no la dá Raúl Quinto con su interesante propuesta: -Música hecha al lienzo-. Felicito esta imagen que nos posesiona en ese estar junto a Goya, paleta en mano, reteniendo notas musicales entre tonos de luz…
    Un gran acuerto este ameno artículo, que no deja de manifestar al poeta, pero que dilucida, entre follajes de renglones, a un gran historiador del arte.

    J. Jesús Ávila Zapién

  3. Fé de erratas: -“Esa “sacudida” de la noción de entreveramiento de lo real, nos la dá Raúl Quinto…
    -Un gran acierto este ameno artículo…

    J. J. A. Z.

  4. Este es lugar para recomendar a aquellos a los que este tríptico de Raúl Quinto les haya abierto el apetito lector acercarse hasta su libro de poemas “La piel del vigilante”, publicado en DVD.

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