La máquina del mundo

El águila ediciones vuelve a sus polvorientas dependencias de la Sección documental para relatarles a sus lectores una bella historia en la que resuenan ecos lejanos de los objets trouvé de Duchamp, del arte povera, de los móviles cinéticos de Jean Tinguely… Una historia acerca de cómo los más sublimes objetos culturales pueden nacer a veces por azar, como hierbita inútil junto al margen de un solitario camino. Tomen asiento, y lean:

Érase que se era, en un recóndito lugar de la región austriaca de Styria, un granjero llamado Franz Gsellmann que, una soleada mañana de 1958, leyendo el periódico en la cocina de su casa encuentra una foto del Atomium, la gigantesca escultura creada por el arquitecto André Waterkeyn para la Exposición Universal de Bruselas. A partir de entonces, el deseo que secretamente le ha acompañado desde su juventud cobra nueva fuerza: Gsellmann se siente destinado a crear una gran obra, una máquina perfecta que estará inspirada en el modelo atómico que acaba de descubrir. Conmocionado por la visión de la escultura, este hombre sin una especialización académica ni estudios previos, viaja a Bruselas donde se hace con una reproducción en miniatura del Atomium y, al regresar a su hogar, comienza inmediatamente el trabajo de búsqueda de los diversos componentes de la máquina de sus sueños. Frente a la sorprendida mirada de sus hijos y su esposa, Gsellmann se encierra durante horas y recorre incansablemente los alrededores de la región en busca de las piezas que completarán su magnífica obra. Un trabajo incesante de búsqueda, recolección y montaje de los más diversos elementos (lámparas, imágenes religiosas, ruedas y tubos de metal) que le lleva a dar forma a un complejo aparato sin más fin que el funcionamiento cinético de sus piezas.

Gsellmann, celoso de su secreto, no permitió al comienzo que nadie accediera a la estancia donde guardaba la máquina; y nadie, ni siquiera su familia, conocía el aspecto o la utilidad del aparato en el que trabajaba. Este secreto le traerá problemas con su mujer, a quien tiene que convencer de que sus ausencias no se deben a una infidelidad, sino a la exigente necesidad de buscar cada vez nuevos elementos para su trabajo; y posteriormente con su hijo menor que, habiendo construido una nueva dependencia para él y su nueva esposa, tiene que cedérsela a su padre porque la máquina ha tomado unas dimensiones excesivas para su antigua ubicación. La máquina crece y, poco a poco, Gsellmann comienza a permitir la entrada a la habitación dónde trabaja y a poner en marcha el fabuloso invento ante los atónitos visitantes: bombillas, iconos religiosos y piezas de metal de la más diversa procedencia conforman un complicado mecanismo cuya única función aparente es su propio funcionamiento.

Pronto la curiosidad en torno a la creación del granjero comienza a crecer y los periódicos locales se hacen eco de la existencia de esta nueva creación. En los años 70 la fama de Gsellmann aumenta, las entrevistas para radio y televisión se suceden e incluso llegan cuantiosas ofertas para convencerle de que ceda la “máquina mundial” a algún museo. Su inventor, sin embargo, se niega a separase de su creación y permanece entregado hasta su muerte a la ampliación y mantenimiento de la misma. Es 1981, muere Gsellmann a la edad de setenta y un años dejando únicamente insatisfecho su deseo de encontrar una utilidad a una máquina que había llegado a alcanzar unas proporciones de más de cuatro metros de altura.

Esta es la historia de la creación de la máquina del mundo.

TODAVÍA no LO TENGO

Silvana Franzetti en Arrebato Libros

El próximo viernes a las ocho de la tarde la poeta argentina Silvana Franzetti leerá a dos voces, junto con Sandra Santana, su libro Edición bilingüe, en el que realizó un procedimiento de traducción ficcional entre la lengua castellana y su variación rioplatense. Después de la lectura a dos voces, se proyectará el poema-fotomontaje El sabor del té de mate. Todos nuestros lectores están cordialmente invitados al acto.

Por aquí, más fotos del recital.

“Arpocrate seduto sul loto” de Walter Marchetti. Por Henar Rivière

Arpocrate seduto sul loto anuncia que oculta algo al enunciar su imagen. No vela su primer haber sido en la forma infantil del dios egipcio Horus, pequeño príncipe desnudo en actitud de chuparse un dedo; tampoco oculta su metamorfosis segunda en el Harpokrates griego, con el índice sobre los labios invitando al mutismo, ni acalla al Silencio, a quien personifica y diviniza en los sellos o “jeroglíficos” gnósticos y herméticos de los primeros siglos de la era cristiana.
1_Harpócrates

Harpócrates sobre el loto

Arpocrate seduto sul loto son cuatro palabras que, leídas en italiano y en voz alta, hacen resonar aquel palimpsesto de reminiscencias recónditas y sitúan al lector en el umbral de lo oculto tras la portada, entre sus páginas blancas.


2_Arpocrate

Arpocrate seduto sul loto, 1968, de Walter Marchetti.

El Arpocrate seduto sul loto es un libro de artista publicado en 1968 en Madrid, que se hace presente por su propia objetualidad. Tiene formato apaisado (21,1 cm. alto x 30,1 cm. ancho) y voluminoso grosor (5,1 cm.), y su rotunda pesantez (2100 gr.) contrasta con la ligereza visual del predomino del blanco.


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Los títulos de Arpocrate.

Cuaderno de bitácora y guía de navegación a un mismo tiempo, Arpocrate fue compañero de viaje y brújula del artista sonoro y visual Walter Marchetti (n. 1931) por los remotos mares del sur desde los que inventó la zozobra de Zaj junto a Juan Hidalgo. Entre sus páginas discurren partituras de interpretaciones y acciones a realizar o ya realizadas, así como indicaciones de los fundamentos y las condiciones, los modos y las clases de la composición. Con estos materiales, Marchetti, especialista en Eventología, estructuraba el libro a modo de Tratado ofreciendo, como se indica en su segundo título, un ejemplo más de la excelsa capacidad humana para poner orden en la multiplicidad de lo real con minuciosa arbitrariedad: principios básicos de la composición, de su técnica, de los días de la semana favorables para componer, del almacenamiento y tratamiento de las ideas y de los 48 tipos fundamentales de composición.


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Fragmento de la partitura de La Caccia (interpretada por primera vez al aire libre en 1965), de Arpocrate.

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Principio compositivo de Arpocrate.

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Principio compositivo de Arpocrate.

Prontuario paródico, el Arpocrate renuncia a los recursos de índices y numeración necesarios para funcionar como el libro de consulta que dice ser y, análogamente, disuelve la lógica caprichosa de su estructura tratadística, alternando y aleando sus componentes con otros ajenos a ella.


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Una “música mental” de Arpocrate.

8_MusicaVisible

Una “música mental” de Arpocrate.

Entre esos otros componentes destacan una serie de poemas visuales que, bien evocan y varían imaginarias percepciones acústicas (las “músicas mentales” y “visibles”), bien perfilan esforzados círculos de tamaño cambiante que parecieran intentar en vano contener la superficie o fondo neutro del papel (“el libro de la forma”).


9_ElLibroDeLaForma

Ejemplo de “el libro de la forma” de Arpocrate.

El espacio en blanco de las hojas se escabulle así del más perfecto redil formal posible, del mismo modo en que el Arpocrate en su conjunto logra burlar a su tercer título, el gran libro de la forma, gracias al asistemático esmero compositivo con que Marchetti mezclara, sin rumbo ni intención, sus heterogéneos materiales de trabajo.


Arpocrate seduto sul loto persevera en su ser múltiple y lúdico. Tras la asepsia de su papel y sus tipos de imprenta, palpita y cruje un conitnuum variado y policromo de resonancias conceptuales y sinestésicas, que se entretejen y deshilvanan sin cesar en el proceso de su lectura. Arpocrate capta, mantiene, entretiene, confunde, bifurca, diversifica, dispersa la atención de quien pasa sus páginas, una detrás de la otra. Una detrás de la otra desordena sus dudas, y dilata sus tiempos y sus lugares, unos en otros. Porque este libro de acción es también una cartografía del extravío, cuya vivencia suspende al lector en un activo silencio interior y trata de liberarle de las coordenadas espacio-temporales impuestas y ajenas a la experiencia. Lo que Apocrate oculta es que nada se oculta tras ella.


10_EsperabaUsted

De Arpocrate.



11_Mururoa

Detalle de “De Mururoa a Fangataufa”, de la serie Le secche del tempo, 1999, de Walter Marchetti.)


(Fotos de Arpocrate por Leticia Ortiz de Urbina)

“Ingeniería vírica”. Por Eduardo Rezzano

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Relieve (Enrique Arau)

    En un ensayo sobre Joseph Brodsky, Coetzee dice que los poetas de primera fila han creado siempre su propio linaje literario, y que en ese proceso han reescrito la historia de la poesía. Entonces se me ocurre pensar qué pasaría si alguien creara un linaje por demás heterogéneo que incluyera a Anton Webern, Buster Keaton, Thelonius Monk, Felisberto Hernández, John Cassavetes, Francis Bacon, György Ligeti, Enrique Arau y Federico León, en ese orden o en cualquier otro. ¿Se estaría proponiendo una poesía imposible de ser escrita o, por el contrario, la única poesía posible en un mundo que se reconstruye cada mañana frente a un espejo deformante?

    De lo que se trataría, así se insistiera en condensar los procesos biológicos del poema en su breve gesto caligráfico, sería de dar vida a un monstruo, a un virus de esquiva naturaleza mutante.


    Y a los monstruos, una vez que se han echado a andar, hay que darles de comer
    cerebros.

Escrituras no escritas: hacia una poética de lo ilegible

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Por aquí, más información y opciones para ver el vídeo: "Medialab-Prado Madrid"

“El capitán etéreo”. Por Beatriz Barral

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R. BUCKMINSTER FÜLLER, Bucky para los amigos, nació 25 años antes de que sus ideas comenzaran a tenerse en cuenta y con medio siglo de antelación técnica para que pudiesen ponerse en práctica. Ya que la elección de la fecha de su nacimiento (1895) no dependió enteramente de él, optó por asumir la circunstancia con optimismo y pensar en verde. Por suerte, poseía la personalidad del inconformista que no se ciñe sólo a desfacer entuertos sino que retrocede en el tiempo para analizar el motivo por el que el mundo está tarado y diseñar entonces un futuro mejor.

Füller es el visionario que supo unir el trabajo entusiasta y la sabia paciencia del maestro zen con el objetivo de que la Nave Espacial Planeta Tierra fuese un lugar mejor para todos sus habitantes. Un lugar respetuoso con el medio ambiente, límpio, bello, práctico, creativo, continuo, esférico, reciclable… y, sobre todo, posible.

Por cierto, si estás pensando en comprar el chalecito adosado que rompe el perfil de la sierra y se amontona en hileras inacabadas en la falda de las montañas, párate, piensa, ¡no lo hagas!. Porque cuanto visites mi espacio feliz cambiaras de idea. Te invito a pasar un fin de semana en mi Domo de Ojo de Mosca. Está en ningún sitio y en todas partes. Me lo trajo un día el helicóptero de Santa y lo posó con suavidad y todo lo necesario para vivir sin interferencias.

Por último, y disculpa mi atrevimiento, cancela tus vacaciones en Marina D´ors y elige la opción T de ciudad flotante Tensegrity, te gustará.